En lejanos territorios, misteriosos parajes, inimaginables para la cultura occidental de hace más de 500 años, se vino a suceder un acontecimiento que marcó el punto de partida de una nueva historia, que se plasmó en papeles, en bitácoras, en piedras, en relatos, en el discurso de generaciones, fue la llegada de los españoles a lo que llamaban “Las Indias”.
Fue en su tercer viaje que Cristóbal Colón tuvo su primer contacto con lo que llamó Tierra de Gracia, nombrándola así, por apaciguar sus deseos de inicio de aquella proeza de navegante, por fin, encontrar tierra firme. Llenos de desconcierto ante zonas inexploradas y desconocidas, bajan a la playa los tripulantes: Pedro Terreros, Andrés del Corral, Hernando Pacheco y Juan Quintero, nombrando al nuevo paraje como tierras de los Reyes de España.
El hilo conductor de la historia de lo que hoy concebimos como arte y literatura en Venezuela, parte de este suceso, debido a que la percepción de todo lo que hoy conocemos viene dada por el punto de vista occidental, podemos leer nuestras culturas aborígenes, tratar de acercarnos a nuestras etnias, a los verdaderos dueños de nuestras costas, llanos, montañas y selvas, los nombrados indios; pero siempre desde aquella traducción, esa transformación al lenguaje predominante hoy, herencia de españoles.
El arte, según la más antigua concepción, la de Platón y Aristóteles, es la imitación de la naturaleza. La necesidad de plasmar su entorno, de dejar huella fiel de labores, acontecimientos, se hace presente a lo largo de los tiempos, el mismo Barón de Humboldt se sorprende con los grabados en las rocas, tan altas, con diferentes figuras geométricas y animales, al consultar a los indios el cómo fue posible hacer aquellos dibujos, “los indios le respondieron: “que en la época de las grandes aguas, sus padres andaban en canoa a esas alturas”…”(Isaac P.1980, 299).
Pero el arte también emplea diferentes herramientas, y no solo busca mostrar un acercamiento de lo natural, sino una introspección, una fiel muestra de una perspectiva, de visión de mundo; una herramienta es, la palabra, que cuando se emplea por una cultura con manifestaciones literarias y culturales correspondientes a su época, hacen del concepto Literatura un manifesto artístico, cumpliendo con la estética, y su fin comunicativo, de reflexión, y explicación de lo real.
Relatos mágicos, llenos de deidades naturales, hechos fantásticos, y una narrativa llena de colorido, de personajes humanizados, son características propias de las explicaciones a los acontecimientos que los mismos habitantes de parajes invadidos por los blancos españoles, daban. Sus orígenes vienen dados por la exaltación de aquellas fuerzas naturales, que son proveedoras de vida, pero también destructoras, de los torrentes gigantescos de agua, de la verde selva, de las blancas playas, de los azules mares, que entregaban a borbollones grandes riquezas, aprovechadas luego por los extranjeros que marcaban con la Cruz.
El mito, es el género, (entendido ahora así, por nosotros occidentales en el empeño de clasificar todo) con el cual los indios, según José Manuel Briceño buscan la explicación del origen en la voluntad de un dios y es transcendente. “En aquella época Uanádi, hijo del Sol y máximo héroe cultural, tenía la intención de crear los hombres para poblar la Tierra, en donde tan sólo vivían entonces animales. Hizo a tal objeto una esfera milagrosa, hecha de piedra, la cual estaba repleta de gente diminuta todavía no nacida; desde dentro se oían sus gritos, sus conversaciones, sus cantos y sus bailes. Esta bola maravillosa se llamaba Fehánna”(Juan B.2,¶5) contaban los Maquiritares.
Existen distintas concepciones de los orígenes del hombre, de los fenómenos naturales, que expresaban el sentir de cada grupo indígena, pero para los extranjeros eran simplemente historias heréticas, las cuales debían ser sustituidas por las creencias y explicaciones que la fé católica establecía en su continente. Se empieza a formar lo que Mariano Picón Salas nombra “El nuevo indio”, que olvida su lenguaje, y maneja un castellano accidentado, que cambia o mezcla técnicas de agricultura y ganadería, que viste ropajes de occidente, que dirige sus danzas y rituales a un nuevo dios cristiano.
De las descripciones de aquellos primeros exploradores de lengua española, registradores de aquel nuevo mundo en papel, se puede apreciar la grandiosidad natural de aquellos tiempos, la impresión de estos, ante nuevas costumbres, que parecían bárbaras ante sus ojos, pero eran cotidianas para los autóctonos. El esplendor de la Tierra de Gracia, es evidente en escritos como los de Fernández de Oviedo “no se sabe en todo el mundo ni se halla escripto que puntualmente en tan poco espacio o cantidad de mar tanta moltitud de perlas se hayan visto ni hallado”(Isaac P.1980.65).
Entonces los primeros vestigios de arte y literatura venezolana, vienen dadas por ese hecho, que primero fue un encuentro de mundos, pero que se transformó, por la codicia de aquellos del sable y la cruz, en una imposición de mundo, que transformó de manera radical las ideas y manifestaciones culturales del continente, al que llegaron casi por accidente. Es cierto que los aborígenes ya tenían un lenguaje, hacían instrumentos para su uso en actividades diarias, y tenían sus signos para expresar o porque no, escribir por medio de figuras tomadas de su entorno; pero lo que nosotros entendemos de esas costumbres, están ligadas a la adaptación de aquello, al mundo que llegó desde Europa, por ende es la visión que se nos muestra y entendemos en nuestras épocas, quizás para enceguecer o enriquecer nuestros conceptos individuales de la esfera global.
No todo fue negativo por parte de los españoles, que nos dejaron versos llenos de una belleza única, que describen de forma delicada y llena de nostalgia, dedicados a lo sublime del paisaje de la Venezuela del siglo XVI, Bartolomé Fernández de Virués, Fernán Mateo y Diego Miranda, escriben cantos para las mujeres de la isla de Margarita, en este deseo dicen:
…los verdes prados
De naturales y traspuestas flores
Estaban todos tiempos estampados
De pinturas diversas de colores;
Y a vista grande copia de ganados
Que rodeaban rústicos pastores,
Y debajo de ramas tan amenas
Asientos puestos y las mesas llenas.
(Isaac P.1980.96)
Lugar de inspiración para los más bellos cantares, y dejaran un romántico poema, aquellos escritores inspirados por las riquezas de la tierra, valiéndose de ella para pintar con pluma, el romanticismo en los días de matanza, guerras y conquistas, pero que no podían superar en contraste con majestuosas formaciones naturales.
En los enfrentamientos, también surgen leyendas de personajes heroicos durante las batallas, los cuales hicieron eco en las diferentes poblaciones, llenándose de una riqueza de detalles en las historias que iban de boca en boca, glorificando a guerreros como Guacaipuro, que luchaban con gran tenacidad ante los enemigos blancos, sin permitir la conquista de sus pueblos.
La literatura de las antiguas poblaciones, viene dada por un medio ambiente establecido por las sociedades humanas, es por esto que las descripciones de los hechos en cada período de tiempo, forman aquellos movimientos literarios que expresen con mayor eficacia o de acuerdo a sus maneras, el entendimiento que tienen dentro de sus costumbres, que en conjunto forman lo que se llama cultura, estableciendo un vinculo de realidad y literatura.
Este escrito solo pretende escudriñar aquellos procesos de importante transformación de nuestro territorio, el cual hoy en día no puede ausentar, por mas que concibamos a la conquista española como un desastre, una catástrofe, son estos recuerdos de, el antes, los que nos permiten estar cada vez más inmiscuidos en nuestro presente. Y que el entendimiento de mundo viene dado por los lentes de la occidentalidad impuesta a los originarios, a los indios habitantes desde épocas desconocidas para nuestra limitada visión, al espejo retrovisor del tiempo, ahora nuestro tiempo, nuestra historia.
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