domingo, noviembre 13, 2011

Si la patria es la infancia, la mía se llama Barbara.

Arriba y abajo, en la punta de la rodilla desgastada por los años, con delgadas líneas huellas del tiempo, me divertía en grande, mi primer subibaja, al ritmo de un cantaito: “a tuna que tuna tuna…”, se escapaban sonrisas desde dos ángulos.

Las comisuras de las uñas, ocres por el uso incesante de ajos, cebollines, ajíes dulces y comino. Duras palmas de manos que mágicamente trasformaban una masa deforme en un círculo perfecto, grande y delgado, al dorar, las manchitas negras adornaban la inmaculada blancura —¿quiere más arepita mi muchachito?— decía.

Doña Barbara nunca fue de cocinar poco, las medidas pequeñas parecían inoportunas cuando llegaban comensales, una olla que recibía en ingredientes la misma cantidad de carisma. Rebosaba en los mediodías la espuma de un arroz con pollo a tope, se regaba el agua haciendo sonar los candentes metales de la hornilla, el ollón cubierto por una hoja de plátano cortada en el patio. Colorado onoto pintaba los pequeños granos servidos en platos de peltre. Al lado siempre los jipatos topochos sancochados — Yo no entiendo cómo se llenan sin un topochito — decía, estos eran su delirio, mientras todos comían, ella se conformaba con hacer puré de ellos mojados con un buen preparado de ají picante en suero. Apenas se degustaba un último bocado, ella cerquita del oído te comentaba —!ay más¡…coma, coma, coma—.

Un bombillo central guindaba con penas, parecía aferrado a los clavos que le sostenían, alumbraba la cocina que nunca tuvo puertas, escondidos los peretos detrás de cortinas con motivos florales cosidas en la vieja SINGER negra. No era la cocina más sofisticada, los utensilios electrónicos se limitaban a una licuadora y una nevera, pero cuando abuela entraba, sin tanto aparato, solo delicias podían asomarse a su salida.

Me regocija el recuerdo de cítrico aroma de la jalea hechas con mangos recogidos en la finca de algún pariente, verde intenso en su piel, textura firme cada pieza, se tornaban pálidos, blandos y carnosos, luego de pasar varios minutos en agua a borbollón. Ahora, participábamos los chicuelos, bien lavadas las manos con jabón azul, a pelar, despulpar y reunir toda esa pasta verdosa en un mismo recipiente. El despulpar era la mejor parte, sentir como se escurría entre los dedos la fruta ácida, algo único que, aun hoy confieso, disfruto en grande.

El fogón, dos piedras de casi misma altura, o en su defecto, dos latas con una rejilla encima y abajo la leña a fuego vivo; venía la olla cargada con el producto de traviesas manos, vertiendo luego, como cascada, la morena azúcar mientras se hacían remolinos con la paleta. Vueltas y vueltas daba Doña Barbara, indicando que el punto justo es cuando despega solita de las paredes. Se multiplicaban los pequeños volcanes de mango, quemando de vez con gotitas dulces, al curioso que se acercaba.

Separaba fácil de la olla aquella amalgama de pulpas y azúcar, dejando caminos libres al paso de la gran paleta. El intenso aroma de hojitas de limón se escapaba del puño de la viejita, lanzadas en aquel menjurje, excitando papilas de los mirones. Vertida en una bandeja, aun caliente la jalea, se dejaba reposar tapada con un paño, sobre la media pared que cercaba el balcón del patio. Más de una vez, levanté aquel trapito para cerciorarme de buen estado de ella, y claro, en secreto me quemé por impaciente, mi dedo índice llevo todo el castigo de mi entusiasmo goloso.

A pesar de limitar sus consumos edulcorados por padecer diabetes, escondida, aprovechaba poner una porción en la lengua, abriendo y cerrando la boca con sonidos húmedos, llenándose de júbilo ante lo prohibido.

El valor del trabajo calmo y disfrutar de lo que se hace sin presura, fue en su silencio, una lección de esas que no necesitan voces ni letras para aprenderlas. Muchas veces la veía calladito mientras envolvía con mimbres multicolores cada parte del esqueleto férreo de las sillas para vestirlas y la visita no viera nunca asentaderas feas en su casa, le buscaba los rollos semejantes a lombrices largas, dejándoselos a su alcance, recompensándome con el privilegio de usar por vez primera, cada pieza terminada, contrarrestando luego el calor bochornoso de las horas tardías barinesas con carato de guanábana.

La cruz de mayo también lucía traje de gala tejido con palma, colgaban dobleces haciendo serpentinas ocres. Decía la viejita, si le pegas a la cruz en este mes, cae un chaparrón. Probando mis dominios sobre lo natural, agarraba un cuero seco que colgaba permanentemente de un clavo en el pasillo antesala al comedor, estaba allí como advertencia, escarmiento que picaba en la piel cuando se portaba mal alguno de nosotros. Una y otra vez, imponía mi fuerza en cada rejazo, providencia que el cielo varias veces sí se vino abajo en lluvia, haciéndome creer real domador del infinito azul.

La casa de doña Barbara, con sus paredes altas cubiertas por laminas de zinc, después acerolit, se transformaba con la lluvia en un estrepitoso sitial, estruendo que más que molestar, motivaba a hacer café con leche pelotica (con grumos de leche en polvo) y currunchete, e iniciar conversaciones para alivianar el pasar del temporal. Se podían caer los monos de los arboles (por aquello de aguaceros tumba monos), las calles convertirse en ríos caudalosos, los mangos bombardear el techo, pero los refugiados allí solo escuchábamos los sorbos de bebidas calientes y comentábamos lo bueno del queso endulzado.

Cuando olía a cebolla y limón, segurito alguien cargaba un pestón, pues con un jarabe de cebolla morada, miel y un chorro de zumo de limón, el pecho del paciente retumbaba y quedaba limpio de impurezas. Muchos de mis primos huían ante la presencia de aquella amenazadora cuchara llena, que empeñada la viejita, nos hacía tomar cuando escuchaba cualquier tosecita. Para los dolores de oído nada mejor que unas gotas de agua de hojas de Colombiana directo al orificio auditivo y si alguno se quejaba de mal dormir, una infusión de toronjil y limonaria era puesta humeante frente al afligido. Sencillo remedio para amigdalitis era coger limón, cortarlo en mitades y cubrirlo de sal, se arrugaba la cara con el primer chupe de la salobre fruta, pero al segundo, ya se le cogía gusto.

Buscar flor escondida era tarea diaria, depositando en sus pequeñas hojas con pepitas apenas asomadas, la esperanza de bajar cantidad de azúcar en la sangre, hervía la doña, las plantas que recogíamos en patios vecinos, dejado el liquido un tiempo al intemperie, lo recogía en jarras y botellas tomando luego 2 veces al día, era amargo por la expresión, sacar la lengua con el ceño fruncido y repetir una o dos veces en alto “¡iiaagg guacatela!”.

Mi primera cocinera, mi primera mentora de labores, mi primera enfermera, imposible definir mi patria sin el arrullo de su nombre. Todos tenemos (o deberían todos tener) un personaje, un lugar, un momento, que de alguna u otra forma nos transporta absortos a ese origen, activando esa referencia, otorgando un valor impalpable, tesoro sin precio, incomparable a otros, yace en ellos nuestra identidad.

Según leyó Rafael Cartay de Baudelaire (yo lo leí en El Pan nuestro de Cada Día de Cartay) que este decía: “la patria es la infancia”. Pues declaro la mía “Barbara”, porque patria es origen, siendo ella quien, en días tempranos, me lleno de experiencias convertidas ahora en recuerdos que enaltecen un sublime “querer volver”. Ella construyó a punta de canciones, de paseos en las rodillas, de arepas y caratos, de remedios, de paciencia, cariños, y uno que otro cuerazo, mi autentico aprecio por haber nacido donde nací, un indestructible puente con terruño sin bandera, atravesado por un inmenso río llamado “el pertenecer”.

domingo, marzo 28, 2010

Tiempos de Frijolito, Santico y Nene

2:33 de la mañana, despierto con sonido de agua rebotando en los vidrios corrugosos de mi ventana y el choque de un chorro, desde el techo al suelo, peculiar resonancia.
El coro altivo de las chicharras, una baraúnda, el aleteo desordenado de los bachacos culones buscando el incandescente bombillo en la habitación, asoman los recuerdos de mis tempranos días, hechizado, viendo la tenue luz de los postes rodeados de cientos de pequeños voladores, mientras en las faldas de los altos iluminadores aguardaban sapos grandotes esperando alguna presa del aire.
Recuerdo, el huir despavorido a la llegada de las negras y pétreas cucarachas de agua, desgraciadas en aspecto, las más grandes se me hacian alpargatas con tenazas.
Recuerdo cazar gusanos con espigas, que introducidas en pequeños agujeros en el suelo, luego esperaba paciente se movieran para, de un jalón, ver aferrada con sus mandíbulas la blanca larva.
Recuerdo rozar mis cachetes con las flores del Samán y oler el viejo Jazmín de mi abuela. Mis visitas a la pequeña biblioteca pública con el perro Rayo, tumbado en el portal esperando mi regreso.
Los abrazos de mi viejita Barbara, las cabalgatas en sus rodillas al ritmo de ¡a tuna que tuna tuna! Ver a los grandes tomar negro café antes de laborar, inolvidable, penetrante olor de esas horas con la arepa que no dejaba espacio sin cubrir en el budare, gigantes y delgaditas, mi merienda en la lonchera azul y mi termo con taza arriba, que por alguna razón muchas veces regó el jugo.
Entregado a la nostalgia de cuando me llamaban Frijolito, Santico, Nene, imagino si fuesen de tinta estas notas, más de una palabra estaria ininteligible, chorreada, aunque estirandome los labios hasta casi llegar a las orejas, vuelvo al sueño.

miércoles, marzo 24, 2010

AL TACHIRA SOLO PUEDE QUERERSE. Atrapado entre panes y amasijos.



Quisiera hablar como estudiante que, en su estadia durante años en este valle, llamado por sus primeros habitantes ZORCA (tierra hermosa); por Alonso Pérez Tolosa “Valle de las ahuyamas”, “Valle de Santiago” por otros exploradores españoles; y Juan Maldonado quien le dio el nombre que nos acompaña en estos días “Villa San Cristóbal”, todos ellos evocando los sentimientos más nobles y añoranzas de paisajes abandonados. Esta vez me gustaria reembolsar de alguna forma tanta receptividad. Es así, no se puede pasar y transitar por las calles empinadas de la ciudad y no caer en los encantos de una madre que abriga con la blancura de la pisca y el abrazo cálido del pan recien horneado.

Fue en una de aquellas caminatas, que a lo largo de una misma cuadra se veian hasta tres panaderias continuas, predicando silentes la abundancia que siempre ha representado ese cereal: “el trigo”, que ha estado en las manos de los mas grandes dioses como Demeter y representando la pureza en Virgo.

Latente curiosidad fueron señales de tránsito en el nublado camino al origen de su cultivo. En estos terrenos, el trigo vino junto a los españoles que durante el siglo XVI llegaban a los parajes americanos y junto a ellos sus recuerdos alimenticios, de la mano con la religión, que en representación de las bondades divinas usaban el pan, la hostia (significado en latín: victima ofrecida a los dioses para apaciguarlos)en sus ceremonias del sacramento, siendo causa fundamental de adoración a la semilla y a los productos elaborados con su procesamiento.

Desde La Grita hasta El Cobre, se difuminaron los dorados sembradios que seguramente mofaban los vientos fríos con sus espigas direccionadas al cielo.

Con él, tambien se formaron las primeras grandes fortunas por la gran demanda internacional que tuvo luego. Los mismos europeos plantaron y cumplieron con las largas y duras faenas de cultivo del cereal (trillar, limpiar, cernir y moler) en el Valle de Las Ahuyamas, camelando las nuevas tierras, compartiendo sus técnicas con los indigenas propios de la región, para luego, hacerlos trabajar, llegandose a establecer los primeros molinos trigueros en las corrientes de agua que eran numerosas en las montaña. Simultáneamente trajeron sus avances en la construcción de hornos para hacer el pan, estos hornos llegaron a edificarse en algunas casas, y uno que otro, lo ponia a disposicion de la comunidad, donde los miembros de distintas familias iban con sus preparaciones a hornear en las casonas.

Pasaron asi los años entre masas y hornos toscos, caseros, hasta llegar a mitad del siglo XIX cuando se desarrolla una ola migratoria, es cierto que ya para el siglo XVIII existian colonias alemanas establecidas en la región por la producción cafetalera, pero ellos se mantenian cerca del hermetismo, casi sin contacto social con la población; entonces, llegan italianos, corsos y franceses, quienes con sus conocimientos en el manejo de masas de harina de trigo y encontrandose en parajes para ellos desconocidos, llenos de curiosidad y animosos por sus nuevas vidas, se inclinaron a intercambiar técnicas y experimentar nuevos sabores, nuevos ingredientes, aumentando la variedad de presentaciones del pan.

Ya en el siglo XX nos llegan colonias portuguesas, que como buenos empresarios, comenzaron a establecer distintos establecimientos alejandose de las pulperias, que ofrecían solo, entre sus productos, el pan, dandonos negocios dedicados solo a la venta de portentoso, dulce y delicioso alimento. Cabe destacar que, volviendo nuevamente a los tiempos coloniales, los que acompañaron a los primeros colonizadores del Táchira eran en su mayoria colombianos, dejandonos tambien influencias que se perciben facilmente hasta los dias actuales con preparados muy parecidos entre las dos naciones hermanas.

En San Cristóbal, ya se hacen reconocibles nombres de cocineras que en sus fogones eran maestras elaborando los más sabrosos panes y bizcochos, haciendose notar nombres como Las Murillo, y en palabras del Dr Ramon J Velásquez, las preparaciones de Doña Nina Estela de Villasmil, la panaderia que tenia el señor Julio Torres en la Plaza de la Ermita y la panaderia casera que tenía la esposa de Nemecio Morantes.

Pero más que un recorrido histórico, me gustaria expresar la necesidad que nos llama con premura de hacer registro de nuestra tradición, y permintanme el atrevimiento de decir “nuestra”, porque es satisfacción propia sentirme tachirense en los años que me han albergado unas de sus dos casas de estudios más importantes UNET y ULA Táchira.

Una conferencia del señor José Rafael Lovera titulado Encuentro Europa – América: mestizaje y creatividad. El cultivo, beneficio y consumo del trigo en Venezuela colonial. Un capitulo olvidado de nuestra historia alimentaria, se hace referencia a que los españoles al apenas llegar a estas tierras y encontrarse con el maiz y la yuca, aprendieron a comerlo, es más, hasta fueron aprendiendo y dominando el método de extraer el veneno de la yuca amarga y hacer el casabe, que por su facilidad y larga duración, fue sustento importante en estos años de colonia. Por eso el trigo se trae a estos parajes, no por una necesidad alimentaria que muy bien podian colmarse con la gran variedad de alimentos aquí existentes, sino mas bien, buscaron apaciguar aquellos deseos que por sus costumbres y larga tradición en sus vidas en el viejo continente desarrollaron, donde el grano al que hacemos referencia estaba en un pedestal divino, presente en las mas bellas alegorias desde la antigua Grecia, además de poseer otra propiedad extraordinaria: representar al mismo hijo de Dios, al mismo Cristo, sinónimo de bendición y cercania a lo celestial. No es tampoco certero decir que luego de tener éxito la diseminación del trigo, este apabullara el consumo de los principales panes de América, hechos de maiz o yuca, sino que al igual que en sus lugares de origen, los demas cereales eran destinados a un lugar secundario, como ejemplo el pan de centeno, el cual los mismos europeos delante del primero consideraban de menor categoria y de menor cantidad de nutrientes.

Debemos reflexionar sobre estos origenes que aun nos persiguen, de un producto que ya paso a ser parte de nuestra identidad tachirense, por eso cuando se sale de estas tierras para otras regiones y la primera demanda de quien nos recibe es “No se te olvide traerme un pan andino”, no es simplemente llevar el pan, es entregar un trozo del Táchira, un poco de historia, de tradición, es la prueba fiel de saborear aquellos lejanos parajes inmersos entre altas montañas y suaves aromas de grandes hornos panaderos desperdigados por casi todas las elevadas calles que atraviesan la ciudad.

Son increibles las anecdotas y personajes que uno se puede encontrar en esta tarea de investigar, porque el conocimiento en crescendo, se toma de la mano con la capacidad de apreciar aquello que se percibe con mayor claridad, que a partir de un solo elemento, en este caso el pan, se transporta en las alas inquietas de la historia, que con datos veridicos y la jocosidad de algunos testimonios orales, llenan de encanto cada día la admiración a un plato, a un producto. Por esto he de agradecer a ese mosquito que me picó empujando a adentrarme en las redes del dulce aroma de los panes, a la tradición panadera de San Cristóbal, porque la mayoria de los vestigios más interesantes me llegan como ecos apaciguadores de infinita curiosidad, desde los labios de los diferentes autores, que en un principio, fueron consultas primordiales por medio de sus libros: como José Rafael Lovera, quien en entrevista, mencionó los origenes pintorezcos de la arepa andina y señaló las fuentes a donde dirigirme; Rafael Cartay, a quien siempre releia una y otra vez por segmentar acusiosamente las regiones alimentarias y los origenes de la alimentación del nuevo mundo, ahora le conocí en persona y en toda su sencillez aclaramos los usos de la panela, sus origenes y la posible causa del éxito del pan tachirense; Leonor Peña, de pequeña figura, pero de carácter que uno no cree cabe en ese cuerpecillo, me sorprendió su colaboración constante y la permanente preocupación por presentar cada día que nos encontramos, más y más fuentes, datos de un territorio que notoriamente conoce y ama sin límites, convirtiendose en inspiración para indagar en el pasado, presente y futuro, gracias a su contagioso ánimo por desarrollar proyectos para el crecimiento cultural del Táchira, y junto a ella, poder publicar proximamente mi trabajo.

Ahora en ultimo lugar, sin menospreciar, sino por la admiración inagotable que se merece, y que como homenajeado, siempre llega de último al baile, en dias cercanos tendre la oportunidad de entrevistar a Ramon José Velazquez, notable personaje tachirense , estímulo para seguir germinando con la mayor exactitud y amplitud de datos la tradición panadera, de la cual él tampoco escapó, afirmandolo via telefonica junto a la señora Leonor Peña, quien registra sus palabras con lápiz en mano, es una de sus mas fervientes admiradoras.

Suficientes razones, que hacen decir, simplemente se puede querer al Táchira y caer sumiso ante los encantos del suave pan, del balsámico olor, la atencion calmada y grata de sus panaderos, y ese coqueteo cotidiano con los sentidos olfativos que alborotan en nuestros seres el antojo y el hambre del que aquí vive y del visitante.

Este amor por una tierra, solo se puede concebir a medida que hagamos pesquizas de nuestros orígenes y que entendamos que, cualquier elemento, puede ser detonante para un arsenal de datos, antecendentes, historias y relatos que esperan, no escondidos, sino aún sin nadie que los dilucide. Cartay oportunamente lo dijo asi: “en ningún caso debemos olvidar que la alimentación es un acto social total, que el ser humano es el único animal que cocina y que cuando come, no sólo esta consumiendo alimentos sino también símbolos, creencias, supersticiones, visiones del mundo, representaciones sociales y económicas, maneras de comer, modos de comportarse en la mesa, horarios, etc”, eso es nuestro pan, un pedazo de país, de una región con años de tradición, edulcorando los corazones mas acres, envolviendolos en harinas, agua y panela.

Frederick Jiménez

sábado, enero 09, 2010

En 2010, aspiraciones y desesperaciones en un nueño año

Dificil escribir bajo el pum repetitivo de un regueton sin paro, desplazando esto, es necesario el ejercicio de escribir nuevamente; en un nuevo año sobran las promesas que nunca se cumpliran, ni el que paso, ni el presente,ni en el que transcurrira; no es tampoco mostrar un pañuelo blanco en movimiento arriba-abajo a lo que los romanticos envueltos en sus propias babas llaman "esperanza", simplemente decidiendo en un periodo próximo, inmediato y observar instantaneamente el producto del sonido de las teclas.
Las plazas del ciclico ir y venir de las ganas en usar este medio (sí, es como esas plazas Bolivar con una estatua o fuente central que son redomas peatonales que te obligan a un recorrido para llegar al mismo sitio, algunas veces sin percatarte siquiera que alli hayn una estatua o fuente) me mantienen en constante frustración, no se si es la palabra que adjetiva correctamente mi experiencia de lejania, pero es lo que por ahora se me ocurre. Dejando temas sin escribir, me parecen de lo mas fastidiosos ahora (maldiciendo por otro lado la tecnodependencia) el utilizar un lapiz y papel, al mismo tiempo del bombardeo de reciclaje y el buen uso de la milagrosa pulpa vegetal procesada.
Ganas de escribir sobre: mi abuela y sus criollisimas recetas, inspiracion y fundación de mis primeros contactos cercanos con la cocina, escudriñar en este idilico personaje de mi infancia que aun cuenta con vida y una permenente sonrisa imborrable. Las figuras paternales y maternales, cambios, superación e igualación en Venezuela. Camino aún lleno de espinas para un buen cine venezolano. Posibles titulos de mis próximos párrafos, aprovechando el uso de este para que me lo recuerde.
Mientras, solo una carita de gran sonrisa, por saber...¿saber? jajajaj... ya iba una frase narcicista (bofetada)...:D
Feliz año pa ti.

domingo, febrero 08, 2009

mi deguste

Una vez más, las alas del silencio
Tomaron voz y se devolvieron con un golpe aturdidor en mi rostro.
Los puntos del prana se disiparon, los colores se fragmentaron como carta de muestra de pintura corriente.
El aire en mi pecho se convierte en tormenta, que con fuertes golpes me ahoga.
El torrente lacrimal, se desborda.
Pero en cada gota, se va parte de mi cobardía, de mis miedos, de ti.
Sin arrepentimientos, sin damnificados, sin almas aniquiladas, tal vez, solo por un breve instante.
Fecunda alegría, !da a luz pronto¡ Aquí hay sequía de ilusiones, nido de aves carroñeras que cambian su plumaje y con el viento despegan.
El sin significado abruma con tanto que dice.
Y la sonrisa consoladora, se retuerce entre labios cerrados.
Platos fríos, calientes, platos fuertes, postre de mi.
Al deguste de papilas enfermas, sin gusto.Solo algún brioso de sabores nuevos, lengua presta, me tome.

domingo, octubre 05, 2008

RAFAEL OSIO CABRICES: UN NEGOCIANTE DE CIUDAD

En el Centro Empresarial Altamira, estaba el periodista Rafael Osio Cabrices, escritor de dos libros Salitre en el Corazón (2003) y El Horizonte Encendido (2006), además de escribir para El Nacional y tener una pagina en la revista Todo en Domingo llamada La Vida Sigue, de esta bautizó recientemente un texto que colecciona estas crónicas; amante de la literatura y del género periodístico crónica, se muestra sencillo con una camisa azul pálido y jeans, accediendo a esta entrevista, mientras en una barbería, se encuentra bajo el cortar de las tijeras, su hijo.


Una mirada profunda debajo de sus gruesos lentes negros, intimidan un poco, además de su fama en algunos medios, que catalogan al personaje como alguien de carácter difícil, pero que en esta ocasión, se muestra con apertura a las interrogantes planteadas durante la entrevista y, hasta aconseja, a este humilde estudiante del oficio periodístico. Él, quien manifiesta ser un preguntón incansable de la realidad circundante, usa como motor de arranque aquellas contrariedades de este país para preguntarse y hacernos preguntar qué significa vivir en este país.

En distintas fuentes, se pueden encontrar sobre tu trabajo, pero el Rafael Osio Cabrices universitario, es algo desconocido, como fue esa etapa, ¿siempre fuiste critico?-

En el 95, me gradué de Comunicador Social, mención Periodismo Impreso en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB). Yo me imagino que he sido crítico siempre, desde que estaba en el bachillerato y eso habría influido para que yo haya escogido ser periodista.

Yo empecé a estudiar comunicación, bueno, te habrá pasado a ti como a todo el mundo, sin saber muy bien lo que me iba a encontrar, ya que era una carrera como muy general, que podía canalizar en distintas inquietudes y actitudes. Una vez allá adentro, empecé a ver reportajes, empecé a hacer periodismo, allí dije bueno esto es lo que yo soy.

¿Cuando y como descubriste la crónica como género preferido para escribir tus relatos? -

Como en tercer año de carrera, allí empecé a escribir crónicas, y me venia como anillo al dedo, porque yo siempre he leído mas ficción que no ficción, sabes, siempre he leído mucha novela y mucho cuento, sobretodo novelas.

¿De donde viene ese gusto por lo cotidiano, que buscas con tus relatos?-

De hacerme preguntas sobre el país, ese tratar de entender, definitivamente, que es lo que esta pasando y tratar de liberarme de la polarización, liberarme de la chatura con la que se producen la mayor parte de los contenidos periodísticos de este país, tratar de hacer algo distinto, revisar ese revés de las cosas, de estar siempre desconfiando de lo que otro me esta diciendo, sobretodo, si es una fuente de poder o lo que el mercado me esta diciendo, lo que la publicidad me dice, desconfiar de los prejuicios que tenemos, y desconfío de mis propios prejuicios, siempre estar revisando eso.

¿Siempre revisas cada uno de los trabajos que haces?, porque hay veces que el discurso tiene una imagen bastante negativa de país y en otros escritos exaltas lo positivo.-

Si bueno, es eso, en algunas cosas me parece que estamos muy mal, en otras me parece que estamos muy bien.

Entonces ¿que es para Osío Cabrices el venezolano?-

No se, trato de no llegar a alguna conclusión, trato de no paralizarme. Mi proyecto es estar haciéndome preguntas todo el tiempo y usar la escritura como modo de búsqueda del conocimiento, pero teniendo mucho cuidado de no llegar a una verdad, porque bueno ¿Qué es una verdad? Yo puedo decirte una verdad y tu otra, y la verdad que se impondrá es la que tenga mas capacidad económica o comunicativa para hacerlo. El tema de la objetividad o la verdad, es algo en lo que no creo, me parece que hay que buscar la integridad, la honestidad, escribir con la mayor seriedad posible, pero lo de la objetividad y la verdad, es algo que me produce desconfianza, un ejemplo, cuando los chavistas se les dice: "digan la verdad", para ellos la verdad es lo que sale en el periódico VEA, que de verdad no tiene nada, pero tampoco Globovisión o El Nuevo País perecen estar diciendo la verdad, entonces ¿Qué es eso? Y te hablo nada mas en el terreno de la polarización política.

Entonces yo me apoyo mucho en la crónica, porque es el género en el que mejor me siento, porque es el género que menos se preocupa por el tema de la objetividad, la verdad y la imparcialidad.

¿De donde obtienes los temas de tus crónicas?-

Algunas tienen partículas de ficción, algunas son cuentos de ficción, pero siempre se alimentan de algo que veo en la realidad o de una historia que me cuentan, eso en el caso de La Vida Sigue, en el caso de los otros dos libros, no hay una sola gota que sea de ficción.

En tu trabajo literario El Horizonte Encendido, estuviste viajando durante dos años por Latinoamérica, ¿Qué personajes conociste?-

No dure dos años viajando por Latinoamérica, fue un proyecto de dos años en el cual leí mucho, escribí mucho, y hubo algunos viajes, el mas largo fue de dos meses, pero sí, yo quería ver como eran las cosas en el terreno, porque me he dando cuenta, que era muy diferente lo que uno veía de lejos por medio de las noticias, y lo que veías una vez que estabas en una ciudad donde estaban sucediendo esas cosas y te montabas en una buseta, cuando estabas en un mercado o entrevistabas a unos tipos de allí, con la gente común, siempre combinando las dos cosas.

A mi no gusta mucho, por ejemplo, Cuentos Chinos de Oppenheimer, que tiene muy buenos datos, pero allí el que habla es puro tipo encorbatado, puro ministro, presidente, rector de universidad, nunca hay un ser humano común y corriente hablando en ese libro. Me parece que las dos cosas deben estar, información y lo humano.

¿y que coincidencias encontraste en esos países con Venezuela? ¿se unen en un proceso democrático? ¿estamos todos igual?-

No estamos todos iguales, existen algunas cosas en común. En primer lugar, la inequidad, es decir, este es el continente de la desigualdad, el continente que tiene mayor diferencia, entre los que más tienen y menos tienen, y eso origina una serie de conflictos, un continente con elites de mucho dinero, y hay otras elites muy bien formadas, aquí hay gente que puede sentarse a hablar con cualquiera en Nueva York, Paris o en Tokyo, y por otro lado, gente que vive casi en la edad de piedra, como las comunidades indígenas, o gente que tiene que comer perrarina para sobrevivir, o sopa de periódico. En un continente donde existe una enorme reserva de energía y recursos, los paisajes súper ricos, toda esa paja, acompañadas de unas grandes masas de pobreza. Entonces ¿como puede producirse una democracia en esas condiciones?, bueno, eso es lo que yo trato de explicar allí y de producir preguntas, así como yo me hago muchas preguntas, quiero que los lectores se hagan muchas preguntas también.

Ante observaciones de lectores, que tildan tu trabajo, en el Horizonte Encendido, de algo pesimista, ¿como reacciona Cabrices? –

Eso es algo muy común que me lo digan y yo he tenido que contestar que no soy una cheerleader, yo soy un reportero, yo no estoy para darle ánimos a la gente, yo estoy para contar las cosas que veo, para investigar las cosas, escribo sobre lo que encuentro, si no encuentro cosas bonitas, no puedo inventarlas.

¿Qué pasó con los blogs que solías actualizar constantemente con tus investigaciones y que ya llevan más de un año sin novedades? –

Eso es mucho esfuerzo, por el cual no te pagan nada y pues fue una experiencia temporal, donde aprendí como funcionaba el mundo del blog, pero básicamente, me dediqué a otras cosas, y ahorita estoy leyendo mucho, sentía que estaba escribiendo en muchos lugares a la vez y me estaba volviendo loco, esa es la razón.

Este año fue el lanzamiento del recopilatorio de las crónicas dominicales de la revista Todo en Domingo de El Nacional, donde posees una columna llamada La Vida Sigue, nombre también del libro que recoge las primeras 100 historias, ¿Cómo ha sido hasta ahora la receptividad del publico, luego del éxito de tu espacio en la revista? –

Del libro, no se si esta siendo exitoso o no, habrá que esperar, es aun muy temprano y esta editorial de El Nacional, no me mantiene informado sobre las ventas del libro como otras. Además que eso lo sabes mas o menos unos 6 meses o un año después, depende de tu contrato de edición y de cuanto te pagan.

El trabajo que hacías para la Fundación para la Cultura Urbana, ¿en que consistió? –

Fueron dos talleres que di, pero ahorita ya no los estoy dando, en ningún lado de hecho, di un taller sobre Crónica Urbana de 6 meses, y después un taller de Literatura No Ficción, donde no solo vimos crónicas, sino, otro montón de cosas, como algunos géneros periódicos y otros que no lo son como, el ensayo o el diario personal.

¿Crees que existe un resurgimiento o un despertar en la Literatura Venezolana? –

Si lo hay, se esta editando más, se esta comprando más libros, se esta escribiendo más y mejor. Están recibiéndose premios importantes, hay un despertar en todos los órganos. Hay un despertar cultural en Venezuela, creo que mucha gente, para huir de lo público, de esta asfixiante vida pública que tenemos en Venezuela, se puso a emprender proyectos individuales o grupales muy pequeños, y eso ha ido produciendo cosas muy buenas en música, en artes visuales, en literatura, en cocina, callaito están pasando cosas muy interesantes en el país, en medio de la crisis, moral, política, y cada día más la económica, porque esta bonanza que teníamos, se acabó.

Sobre la ley de Importación de Libros, ¿cual es tu posición, ante una ley que dicta como no producto de primera necesidad la entrada de libros?

El 3 de marzo, hubo un decreto de 7 ministerios en conjunto, una resolución en la cual los libros salen de la lista 1 de los bienes prioritarios de CADIVI, es decir, tu antes para importar libros o importar papel, podías pedir dólares a CADIVI y ellos cada vez se demoraban más en entregártelos, ahora, tienes que demostrar que ese libro o ese material en particular no lo produces aquí, y que el país los necesita, por ende, si no consigues los dólares oficiales, tienes que recurrir al mercado negro, lo que aumenta los costos y como consecuencia hace a los libros carísimos, casi imposibles de comprar, entonces imagínate que uno vaya a solicitar dólares para traer libros de Vargas Llosa. Por un lado las editoriales están que no pueden pagar los derechos de autor de los literarios extranjeros, no pueden pagárselos con dólares oficiales, sino que tienen que ir al mercado negro, mediante los bonos y las permutas y todas esas figuras complicadísimas; por otro lado, los pocos dólares que consiguen en CADIVI los usan para libros que con absoluta seguridad se van a vender, como Paulo Cohello. Tenemos menos importación de libros, llegan muy pocos y bastante tarde, pero eso no afecta a la literatura venezolana por sí misma, afecta a los lectores, en cuanto a consumo de literatura extranjera.

Pero las editoriales privadas, aún estando dentro de nuestro de país, ofrecen precios muy altos en libros de autores venezolanos –

Si es cierto, pero los precios de impresión de algunos libros son bastante elevados también, la mayoría de los materiales vienen de afuera, aquí el papel nacional casi no se usa, creo que todo el papel de libros es importado, el papel de periódico es importado. Tu quieres echarle broma a un periódico, le bloqueas el acceso a los dólares CADIVI.

¿Eres de derecha u opositor?

No soy opositor, hay cosas del chavismo que yo respaldo, como que el chavismo a manifestado una preocupación por los pobres, que aquí, tenia mucho tiempo que no veía y que puso ese tema sobre la mesa, era necesario que sucediera, pero yo no puedo estar con un gobierno militar, no puedo estar con esa izquierda atrasada autoritaria que es el chavismo, parecen tipos de otra época que defienden una ideología fracasada y derrotada, y que se alían con los peores bichos del planeta, yo no puedo estar con Bush, pero tampoco con Irán, donde matan a los homosexuales; con las FARC; con Bielorrusia que es un fósil de la Guerra Fría, tampoco me parece que los adecos y los copeyanos deban volver, y tampoco me parece de deba venir Raúl Baduel, ahora de mesías a decir, vamos a hacer una constituyente y nómbrenme a mi presidente por siempre. Yo políticamente me encuentro bastante solo, hay muy poca gente que piensa como yo, estoy en contra de los gobiernos militares en cualquier sitio, me parece que la Ultraderecha y la Ultraizquierda se parecen muchísimo, estoy a favor de la apertura hacia el mundo, no me parece que el mercado deba manejarlo todo y que el Estado deba desaparecer, no me parece que el Estado deba controlarlo todo, creo en que debe existir absoluta Libertad de Expresión y respeto a los Derechos Humanos, y no apoyo la dictadura de la mayoría, la voz de las mayorías no puede servir para aplastar a los que son distintos. Esas son básicamente mis opiniones políticas, yo no se si soy de derecha o izquierda, la verdad eso no me preocupa, son categorías que hoy en día carecen de validez para explicar el mundo del presente.

¿Qué prefieres el periodismo digital o impreso?

Me parece que son cosas diferentes, el digital es algo que se está formando todavía y que ocupara su lugar, es algo en proceso que hay que ver, conozco muy pocas experiencias positivas de este periodismo, yo leo hoy mas periódico por internet que en papel, no me parece que el libro electrónico deba sustituir al libro impreso, el placer de pasar una pagina y el olor de un libro se debe mantener. Por lo que yo he visto de ese periodismo ciudadano en internet, es bastante irresponsable e informal, si tu no respetas las normas elementales del periodismo, da igual si esta en internet o impreso, el mal periodismo es malo en todas partes.

Lo bueno del blog, es que te da un poco mayor de libertad en lo que deseas expresar, en un articulo que catalogué de “hijo de puta” a Pinochet, rara vez me permito insultar a alguien, pero en este caso no sentí ninguna razón para frenarme. En los blogs tu estas solo u haces tu propias reglas editoriales, y todo depende de tu honestidad y responsabilidad personal, en ese caso asumí ese riesgo.

¿Que significa Caracas para Rafael Osío Cabrices?

Últimamente me he preguntado eso, como la ciudad cumplió años hace poco, estaba pensando en escribir un articulo de qué significa la ciudad. Para mi, siendo de Valencia y me vine para acá, representa un lugar donde vine a aprender, y en ese sentido, no me ha decepcionado; es una ciudad muy dura, pero si tu negocias lo suficientemente con ella, te puede dar mucho.

domingo, junio 22, 2008

Y ASÍ UN DOMINGO ME DI CUENTA QUE “LA VIDA SIGUE”

Llevaba todo el día, sentado frente una fría pantalla y sonidos secos de teclas, en intentos vanos de escribir, no surgía tema, ni musa. Luego de una ducha, busqué lectura, dinero, un bolso cruzado de camuflaje y cogí rumbo a ese centro de fiestas nocturnas en esta ciudad, el llamado Barrio Obrero, pero que en domingo y días patrios, deja con pocos deambulantes, sus calles y aceras.

Sumergido en las crónicas de Cabrices, con su “La Vida Sigue, partí en la búsqueda de nada, solo movilizarme, en ese compas automático que es caminar, un pie, luego otro, por las pendientes que forman las calles de aquí. Al mismo tiempo que sonreía con mi lectura, como un cómplice.

Calles, avenidas, el rojo, amarillo y verde, acompañaron mi ruta en una poco transitada San Cristóbal, se extraña cuando llega el mañana, luego del primer día de la semana. Lo monetario, lo solucione con una maquina, seguí dando pasos, esperanzado en aun encontrar aquel quiosco abierto, el marrón, el que está al lado de una cadena internacional de comida rápida, y comprar mi periódico dominical, pero como era de esperarse, por la hora con sol naranja, estaba cerrado.

Cruce la esquina, subí, cuadras imperceptibles por mi atención dirigida a letras y oraciones, llegué hasta una heladería, llamada como aquella semilla, que nos hace famosos fuera de nuestras fronteras, por los deliciosos manjares y postres que se pueden realizar con ella, y el número “40”, aún no comprendo tal nombre, preguntare algún día, Kakao 40, si con “K”, estando allí, una vez más pedí un barquillón, con una bola de helado de almendras y otra de chocolate con almendras. Atestado de personas el sitio, espere de pie un rato, mientras consumía mi frio delirio; viendo desocupada una pequeña mesa, con una sola silla, justo para mi, tome asiento, lamia y leía, una y otra vez. Repentinamente, una mano fuerte en su contacto con mi hombro, viene seguida de una voz masculina:

-¿Qué lees?-

A lo que respondo con un movimiento de mi mano, volteando el libro y mostrando su portada.

Leyendo dice – La Vida Sigue, mmm, interesante y ¿que tal está la lectura?-

Contesto – buenísima, una colección de crónicas del autor, venezolano por cierto-

-¿Dónde lo compraste y cuanto te costó?-

- 35Bs, pero no lo conseguí aquí, me lo trajeron de Caracas –

- A mi también me gusta leer mucho, bueno me tengo que ir, hasta luego-

Y así termino, una conversación fugaz, en medio de mi helado y mi libro, se perdió entre la oscuridad de las ventanas de un auto y yo seguí en lo mío, lamer y leer.

Satisfechas mis ansias de azúcar, proseguí a tomar nuevamente la vía sin lugar de llegada, cuando bajando como bólido pasa un señor, moreno, de jeans desgastados, no por la moda, sino por años de uso, una camisa que algunas vez fue azul y logró no dejar ver, por lo traslucida, el pecho de aquel personaje, que con viva voz y en su carrera en bajada gritaba: “¡SI, SI TENGO, EL MAGNUM, EL CORNETO, SI HAY, SI HAY!”, terminando de observar el rápido descenso, gritan, con una voz algo chillona, desde algún lugar “¡ESOOO..CUIDAO TE CAES LINDO!”,seguido de un silbido en tono de piropo, cuando doy la vuelta, para ubicar la fuente de esas frases, veo un loro desde una reja naranja, que siguió, repetitivamente diciendo aquellas oraciones, la risa no la pude contener, a medida que bajaba la cuesta.

Llegué a una esquina, esperando mi camionetica, llego esta, y entre vallenatos y rancheras, arribé a mi residencia, con una sonrisa que no se me borraba, picara ante lo cotidiano, picara con la vida, teniendo en cuenta que en realidad La Vida Sigue.